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El abucheo que estropeó la fiesta

Beisból Mexicano
Beisból Mexicano

CATARSIS- Ya a toro pasado, se puede decir que a Alfredo Harp le faltó ser menos humilde y dejar que el día que inauguraron el estadio que lleva su nombre fuera “su” día y no dejarle el mérito a otro. En lugar de que la nota grande para la ciudad de México fuera la apertura del estadio, lo que ganó las ocho columnas fue un abucheo a la autoridad.

Lo que se esperaba fuera el gran día de fiesta para la difícil afición beisbolera de la ciudad más grande de México devino en un incidente que será obligado referente para cuando se recuerde la fecha.

Más allá de que los Diablos perdieron los dos juegos ante el equipo de prospectos de los Padres de San Diego, más allá de que se les fue la luz o de que tres simios disfrazados de aficionados se metieran al terreno de juego, los abucheos.

Lo que será citado no serán las selfies, el resultado del juego o los “primera vez”, todo quedará en la reacción de esa amorfa masa llamada “afición” que no dejó pasar el pitcheo, se la pusieron a modo para batearla y aprovecharon: silbatina, gritos e improperios.

Tal vez faltó que alguien le dijera a Alfredo Harp lo que era fácil de prever, que le recordaran que es raro cuando a un político le aplauden en cosos deportivos, que pasen esa “prueba de la plaza” en donde los asistentes no son llevados por filias políticas (o tortas y un frutsie) sino por la actividad deportiva en sí.

Y es que el sábado se vio que “not everybody loves Andy”.

OPCIÓN– Harp bien pudo correr la cortesía de invitar a López Obrador, a lo mejor “placearlo” y sanseacabó. El presidente era su invitado de lujo, pero el personaje era Harp, tenía que serlo.

Lo deseable es que solo hubiera habido un discurso, el de Harp, ahí cabían todos los halagos, piropos y lisonjas al invitado pero al mismo tiempo, los elogios (no necesariamente velados) para el autor de la obra, en la cual se sabe no hay un solo centavo del erario invertido.

Para rematarla, AMLO osó instigar el público, atizó la leña y obvio que recibiera la segunda andanada. Resultó pues, citando al clásico, un invitado incómodo.

Ya el domingo, en los medios, las notan hablando de las expresiones de rechazo “durante la inauguración del estadio”. Lo que debía de ser la nota terminó siendo el contexto.

Y es que el abucheo estropeó la fiesta.

RETOS– Dejando de lado lo anterior, y ya centrados en lo que viene, reiteramos que el nacimiento del nuevo estadio en la ciudad de México conlleva grandes retos tanto para el club Diablos Rojos como para la propia Liga Mexicana de Beisbol.

Para el club, asumir de manera muy comprometida la tarea de lograr que el AHH no tenga como destino convertirse en un “elefante blanco”, en una casa de 40 habitaciones de las cuales solamente se utilizan cinco. Eso incluye desterrar el mito de origen reflejado en aquello de “¿qué más quieren?, ya tienen estadio nuevo”.

La ciudad de México entraña para el aficionado grandes retos que no se salvan con la aparición de un nuevo parque de pelota. Requiere de más “ganchos” que lo convoquen y especialmente, que el club se encargue de hacer atractivo acudir a presenciar un juego de béisbol.

Ya es hora que el club Diablos de un paso al frente en materia de promociones, que se olvide que no todo es el “2 x 1” en cerveza y no tema acudir a modelos que en otras ciudades y otros estadios ha resultado exitosos. Nada de malo hay en copiar casos efectivos, hay mucho por hacer en nichos de mercado como escuelas y ligas infantiles, en saber “jalar” familias enteras y hacer ver que el béisbol es una gratificante experiencias de convivencia social.

Claro, si se dice que el estacionamiento se estuvo cobrando a 150 pesos, puede y la convocatoria desaliente al mercado. Ya es hora de que la ciudad de México salga de la zona en donde se ubican las peores plazas para presentar béisbol.

Y para la liga, que este año está muy atada al nuevo inmueble, que siga de cerca si el modelo de atracción deportiva corresponde a las expectativas. No basta con que voceros (oficiales y oficiosos) anticipen “excelencia” en el espectáculo si al final, aquello resulta una especie de gato por liebre.