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Jaime Bonilla a escena

¿Recuerdan ustedes el caso y los motivos que causaron la salida de los Potros de Tijuana de la LMP? ¿Se acuerdan de Jaime Bonilla Valdez, el directivo que se volvió incómodo y dueño de esa franquicia a quien se le terminó castigando de por vida?

Bonilla ha aparecido nuevamente en escena y no precisamente en el ámbito deportivo. Jaime, quien incursionó a la vida política después de ser borrado del mapa en la Mex-Pac, es virtual ganador de las elecciones para Gobernador en Baja California. ¿Saben ustedes lo que eso representa, cuando el hombre sigue peleando para que el beisbol de invierno vuelva a esa plaza?

De concretarse su victoria –a las 3 de la tarde de este lunes compilaba el 50.38 % de los votos- apuesto a que este hombre moverá los hilos, además de su cargo, para que los Potros regresen a la Liga Mexicana del Pacífico en muy poco tiempo, ahora que se ha puesto de moda abrir puertas a plazas por supremo mandato, como el caso de los Algodoneros de Guasave.

Y todavía hay algo más; Bonilla es amigo íntimo, casi hermano y hasta dicen que come del mismo plato que el presidente Andrés Manuel López Obrador. ¿Les dice algo eso? ¿No tiene lógica pensar que AMLO podría darle una ayudadita para que en poco tiempo veamos a los Potros relinchando de nuevo?.

Con todo y el oscuro pasado que le indilgan a este personaje, su investidura y relación con el mandatario nacional puede ser la llave que le abra las puertas de nuevo a Tijuana para contar con beisbol de octubre a enero.

EXPULSIÓN. A Bonilla lo han relacionado en muchos actos de corrupción dentro y fuera de la política. Y eso le costó precisamente que los Potros desaparecieran después de aquel campeonato que conquistaron en la edición 1987-88.

La LMP no tuvo otro recurso que expulsarlo cuando, para ellos, estuvo a punto de desestabilizar al circuito con aquellos bonos extras que concedió a sus peloteros en su afán de darle a la afición un campeonato. Aunque nunca se comprobó –al menos de manera oficial no lo hizo la Liga- se dijo también que sobornó a jugadores rivales para que bajaran su rendimiento considerándolos -a algunos de ellos- como potenciales refuerzos para la siguiente ronda eliminatoria.

Dicen que otra causa fue, además de las prestaciones superiores a las de la ley para los jugadores, el que estuvo trabajando en un proyecto para transmitir por televisión los juegos de la Liga, algo que aparentemente el circuito no pudo tolerar y que más tarde lo gestionó la propia LMP con los acuerdos multianuales que ha signado con una empresa de televisión de paga.

El pleito y la desgastante dinámica en que se metieron tanto Bonilla como la Mex-Pac reventó en un mandato jurídico previo a la campaña 1988-89 que advirtió a la Liga y los clubes que no podían iniciar sin los Potros. La orden del juez indicaba que si había un desacato a su decisión, la autoridad tomaría todas las taquillas de las otras ocho plazas (recordar que en su expulsión de llevó por delante a Guaymas). Los equipos no encontraron otra solución que pagarle a Bonilla varios millones de pesos por su franquicia, aunque esta se fuera a la congeladora. Desde entonces la Mex-Pac se redujo de 10 a 8 equipos.

Todos los jugadores que pertenecían a Tijuana pasaron a ser propiedad de la Liga quien más tarde los drafteó entre el resto de los conjuntos.