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La nueva pelota y la credibilidad

Beisból Mexicano
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COMEBACK- Todos los días, a partir de las 4 de la tarde, la consigna era hacerse presente en la banqueta sur de la calle río Elota y esperar a que los autonombrados capitanes eligieran a sus respectivos rosters. Pero más que eso, lo que se esperaba era a que apareciera el “proveedor” de la “pelota” que se utilizaría.

La no-esférica no era otra cosa más que unos calcetines que envolvían un centro duro (limones, la mayor parte del tiempo) y que se convertían en el objeto más preciado de le diversión de todos los días. Por el bat ni quien se preocupara. En todas las casas siempre habría una escoba a la cual se le despojaba del palo correspondiente.

Así se fueron los días de los años Setenta hasta que uno de los vecinos, tal vez por su condición de “más favorecido”, tuvo la fortuna de que en Navidad un tío piadoso le regalara una pelota “Rabbit”, una pelota de béisbol “de verdad” y el tono de aquellas cáscaras cambió radicalmente.

El devenir de aquellas careadas fue que al rato apareciera un bat “Azteca”, que surgieran guantes (“manillas”) y que nos tuviéramos que mudar de la calle a un parque cercano por aquello del vidrio quebrado de un Dodger Dart del papá de alguno de los jugadores.

Y aquella “Rabbit” sirvió para darse cuenta de quién podía realmente acercarse al nivel real del béisbol. La pelota cambió muchas cosas.

DECISIONES– El recuerdo vestido de anécdota lo traemos a valor presente ahora que sabemos que la Liga Mexicana de Beisbol decidió este año ya no utilizar la pelota marca “Rawlings” y en su lugar jalar por la “Franklyn”, decisión que tiene más que ver con la parte del negocio rebasando lo que puede impactar en el espectáculo.

Ninguna liga conocida utiliza al día de hoy la “Franklyn”, se apegan a lo que Grandes Ligas marca y usan la “Rawlings así sea cuestionada por reales o inventadas alteraciones  que se patenten en los laboratorios “Manfred Inc.”.

Podría decirse que la LMB se está corriendo un riesgo pero también que se trata de una decisión basada en pesos y centavos en lo que muy poco se reparó en la materia deportiva. La nueva marca “oficial” no llega solo en calidad de empresa proveedora (como centro de costo) sino al mismo tiempo lo hace como patrocinadora (centro de utilidad). Esto es, te compramos el producto pero nos vas a pagar por usarlo.

En la decisión aparece la urgente necesidad de engrosar el muy escaso y endeble catálogo de patrocinadores institucionales con que cuenta la liga. La LMB no ha podido hacer crecer la lista de empresas que le metan dinero al circuito, empresas cuyos logos se vean en todos los parques de pelota y en todas las transmisiones por televisión.

Así que la nueva pelota tiene que ver enteramente con factores de economía doméstica y muy poco, por no decir nada, con factores deportivos y de espectáculo.

SALDOS– Que si el uso de la “Franklyn” llega a tener impacto en el mejoramiento de la calidad del producto que ofrece la LMB, será un “plus”. La intención por ahora es solamente de que suene la caja registradora bajo la simple operación de “nos cuesta menos, nos pagan por usarla”.

Pero habrá que estar atentos a reacciones como podrían ser que la “Franklyn” resultara una reedición de aquella “Comando” utilizada para reavivar la liga después de la huelga de 1980 y que al final produjo un béisbol de pelota de calcetín,  en donde hasta los batboy y masajistas conectaban de cuadrangular.

Que los pitchers se empezarán a quejar, que los bateadores empezarán a celebrar y que el aficionado empezará a reclamar. Ya no sería que solamente en plazas de bateo (ciudad de México, Puebla, Oaxaca, por ejemplo) se vieran marcadores nivel NFL sino que en las de pitcheo (Villahermosa, Campeche) lo de diario fuera ver batazos como fuegos pirotécnicos.

¿No sería lamentable que el nuevo estadio de los Diablos Rojos tenga un bautizo parecido a la batalla de San Pedro?

Y hay que decirlo: con este tipo de decisiones no solamente va en juego la economía de la liga sino la credibilidad de la misma. Ojalá que esto último sí les importe.