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La verdad de por qué Espino no fue bigleaguer

columnista de strikeout

“El problema es que la gente se casa sin conocerse, y cuando se conocen, se divorcian”… La Pimpi.-  

 

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Hoy y mañana son Días del Correo. ¿Me informaste de la población o la ciudad desde donde escribes?. Muchas gracias.

 

Fernando Espinoza, de Guaymas, pregunta…: “UD. escribió que hubo un Presidente de Estados Unidos, cuyo apellido, Alexánder, pusieron como nombre a un niño que después fue bigleaguer y llegó al Hall de la Fama de Cooperstown. Pero no encuentro ningún presidente Alexánder. ¿Puede explicarme este caso?

 

Amigo Nando…: No escribí eso, porque sé que no ha habido ningún Alexánder Presidente de USA. Tienes que haberlo leído en otra parte. Por lo mismo, a ningún niño le pondrían ese apellido como nombre en homenaje a nadie. Lo más cercano a eso es Grover Cléveland Alexánder, quien lanzó en Las Mayores desde 1911 hasta 1930 y fue elevado al Hall de la Fama en 1938. Lo llamaron Grover Cléveland (no Alexánder) por el Presidente que gobernó entre 1885 y 1889. Alexánder era solo el apellido paterno de Grover Cléveland, el pelotero.

 

Jorge Roballo, de Caracas, pregunta…: “¿Es cierto, como dice mi papá, de una publicación suya acerca de Willie Mays dando lástima?”.

 

Amigo Yoyo….: Willie Mays se negaba a retirarse, a los 43 años de edad, y lo contrataron los Mets. En Shea Stadium, en 1973, conectó batazo bueno para dos bases, pero al intentar correr, cayó arrodillado y fue out en primera, 8-4-3. Sí dio lástima. Así ocurre con quienes quieren ir más allá de lo aconsejable.

 

Ruber J. Luzardo S. de San Carlos del Zulia, pregunta…: “¿Jugó Héctor Espino en Grandes Ligas, Ud. lo conoció, puede contar alguna anécdota de él?”.

Amigo Rubo…: Sí conocí a Espino, de coach de los Naranjeros, durante un curso de periodismo que dicté en “El Imparcial”, a fines de los años ochentas. Lo entrevisté y me contó…:

“Yo bateaba bien en la Liga Mexicana, con  los Sultanes de Monterrey en 1964, y llamé la atención del cubano Bobby Maduro, entonces scout de los Cardenales de San Luis. Consiguió que el propietario de los Sultanes, Anuar Canavati, me vendiera por 10 mil dólares. Así fue como Héctor llegó a los entrenamientos de 1965, en Jacksonville, Florida. En 32 juegos bateó para 300 con tres jonrones, por lo que parecía rumbo al club grande.

Pero enterado de los 10 mil dólares que habían pagado por él, reclamó cinco mil a Canavati, quien se negó a darle ni un centavo. Por eso Héctor regresó a México. Y tuvieron que devolver el dinero. Días después, Maduro le ofreció a Héctor los 10 mil dólares, a lo que Héctor se negó, alegando…: “No quiero hacerle a otro lo que no quiero me hagan a mí. Pertenezco a los Sultanes”.

También me dijo Héctor…: “¡Y he sido muy feliz jugando solo en México!”.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto, incluso un lector como tú.