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Las temporadas de LMB y sus expectativas

La Liga Mexicana de Beisbol estará arrancando esta semana rodeada de muchas expectativas como nunca antes había sucedido. La transformación de un calendario largo a dos torneos cortos –aunque con el mismo número de juegos- y sus resultados podrían darle el giro exitoso en lo deportivo y económico, o confirmar que por mucho que la mona se vista de seda, mona de queda.

El jueves próximo los campeones Toros de Tijuana recibirán a los Acereros de Monclova como único duelo de la jornada en todas las plazas, cuya jornada inaugural también recibió su revolcada al sistema arcaico de muchos años en que los duelos de apertura se realizaban a visitas recíprocas. Esta vez el ahora llamado “Open Day” va implícito en series completas de tres partidos, al más puro estilo de Grandes Ligas.

Al día siguiente entrarán en acción el resto de los 16 clubes, incluyendo Nuevo Laredo que regresa como plaza al circuito tras una mutación de plumaje y especie: Aguila (Veracruz) a Tecolotes (Dos Laredos).

La decisión de enterrar un calendario de más de 114 juegos para dos torneos con la mitad de partidos para cada uno de ellos, se sazonó pensando en encontrarle la cuadratura al círculo respecto al interés que pueda causar entre la poca población que acude a sus inmuebles de reducir el tiempo entre un largo y tedioso rol regular y la postemporada.

Para entenderlo y explicar de otra manera, la Liga considera que ponerle sobre la mesa al espectador dos playoffs con sus consabidas series finales podrían resultar más atractivos que ver una Serie del Rey cinco meses después del primer lanzamiento y con los protagonistas de siempre.

Dos torneos cortos no representan ninguna garantía de que los clubes chicos –que son la mayoría- puedan acceder a la postemporada. Es cierto que dividir el calendario no está enfocado precisamente en que los equipos con menos poder económico avancen a esas instancias, sino en explorar y descubrir qué quiere y busca el aficionado, y que con novedosos sistemas de competencia puedan convencerlos de regresar a los desérticos Parques.

Si el experimento no arroja los frutos que la Liga y los clubes buscan con estos nuevos sistemas, habrá que seguir quemando neuronas hasta descubrir la fórmula exacta que los conduzca a encontrar el eslabón perdido con la extinción de la auténtica época romántica del beisbol en México.

Sobrevivir les cuesta trabajo a algunas plazas. De allí que la calidad y el espectáculo que se ofrezca con estos dos campeonatos será una excelente medición para eludir titulares en medios por allá en invierno, fechas en que suelen leerse noticias de franquicias buscando quien la arrope, algo tan natural como sabemos que necesitamos respirar.

A unas horas de cantarse el playball no vemos en el firmamento a otros candidatos al título que no sean Diablos Rojos -que se armó a más no poder- Toros, Leones, Acereros y Sultanes. Y eso significan señales nada buenas para el resto de los competidores, con todo y que el beisbol es muy impredecible.